Variaciones sobre ardha matsyendrasana

Una de las figuras míticas de la tradición del yoga, es sin duda Matsyendra, quien sería el iniciador de las enseñanzas del Hatha Yoga.

En sanscrito, Matsyendra se compone de matsya, “pez” e indra, “señor” o “rey”. Indra es el rey de los dioses, portador del rayo en el panteón hindú. Mientras que Matsya es el primer avatar de Visnú. Este nombre evoca al mismo tiempo los orígenes por medio del pez y la fuerza a través de Indra.

El pez: símbolo universal

En las numerosas cosmogonías tradicionales, las aguas primordiales se encuentran al origen de la vida terrestre. La ciencia moderna se dirige hacia este mismo sentido afirmando que la vida viene del océano. El pez simboliza naturalmente el medio acuático y se encuentra asociado fácilmente a los orígenes, en el pensamiento mítico y simbólico. Sin embargo, el pez y su medio natural, el mar, pueden también representar el fin de un ciclo, como en el caso de los diferentes mitos diluvianos; cataclismos que vienen a terminar con una época o una civilización. Esta idea de la relación entre el origen y el fin, así como entre el pez y el diluvio, está presente en la teoría de avatares, en la cual la primera encarnación de Visnú es Matsya, el pez. En Mitos y dioses de la India, el politeísmo Hindu, Alain Danielou escribe “la historia del pez es aquella del diluvio en el que el pez salva al séptimo legislador (Manu). Manu encuentra en el agua que se le llevaba para sus abluciones, un pequeñísimo pez que se desliza en su mano y le pide protección […] Es entonces que Manu lo reconoció como una encarnación de Visnú. El dios informa Manu del diluvio inminente y le ordena prepararse.” (1) El pez transmite entonces a Manu la sabiduría de los Vedas.

Nada más natural que el origen y el fin se encuentren ligados en el pensamiento tradicional, el cual es cíclico, contrario al pensamiento moderno, que es en general más bien lineal.

En la astrología, el pez ocupa un lugar singular. Efectivamente es el doceavo y ultimo signo del zodiaco, volviéndose el primer signo. Se dice que los últimos son los primeros. En la astrología tradicional se toman en cuenta las eras precesionales (2), periodos de cerca de 2160 años que marcan una época. Los astrólogos no están de acuerdo en cuanto a las fechas de estos ciclos, pero para la mayoría están asociadas a la aparición del cristianismo a principios de la era de piscis, la cual es también el principio de un gran ciclo de 25,920 aproximadamente (es decir doce veces 2160).

En la simbología cristiana hay varias referencias al pez, así como a la virgen, signo opuesto a piscis en el zodiaco. A pesar de que el Buda se manifestó algunos siglos antes que Cristo, se puede observar que el budismo mahayana (gran vehículo) apareció aproximadamente al mismo tiempo que el cristianismo. Esta nueva forma de la vía del medio pone el acento sobre el amor (Maitri) y la compasión (Karuna). En astrología se considera en general a los piscis como el signo más espiritual. Aunque la influencia de este signo pueda traer una gran confusión, también puede, en el mejor de los casos, permitir captar todo el sufrimiento del océano Samsara y apaciguarlo en la disolución de su propio ego. Los piscis representan entonces mahakaruna, la gran compasión, indistinta de mahajnana, la gran sabiduría.

El pez al origen del linaje

Estando ligado al origen y a lo espiritual al mismo tiempo, resulta bastante lógico que el pez simbolice la fuente de un linaje.

En el budismo vajrayana, el linaje Kagyu nace de la transmisión de Tilopa a Naropa, dos mahasiddha entre los 84 de la tradición. Naropa, gran erudito superior de la universidad de Vikramshila, decide abandonar los honores de su rango para buscar un maestro autentico, apto a enseñarle una vía que lo lleve a la plena liberación. En las orillas del Ganges, percibe a un mendigo comiendo pescado, e intenta explicarle que se trataba de una mala acción. El méndigo en cuestión chasquea los dedos y el pescado se vuelve de inmediato pez. Naropa reconoce entonces a su maestro, quien le transmitiría la quintaesencia del mahamudra, al término de un proceso iniciático, comprendiendo doce pruebas mayores y doce pruebas menores (3).

En la vida de los 84 mahasiddhas de la tradición budista que presenta a los grandes maestros indios que realizaron la vigilia espontanea (4), la primera figura es el mahasiddha Luipa, quien se alimentaba de entrañas de pescados cerca del Ganges. Entre aquellos 84 grandes maestros, se encuentran cinco yoguis de la tradición Natha, entre los cuales Minapa, quien no es otro más que Matsyendra Natha.

Matsyendra natha al origen de la corriente de los Natha yogui

La leyenda más común concerniente a los Matsyendra, indica que se trataba de un pescador de Bengala. Un día, fue atrapado por un gran pez que lo devoró. El pez nadó hasta la guarida secreta de Shiva quien estaba enseñándole yoga a su compañera Parvati. La diosa se había dormido durante la exposición. Cuando Shiva le pregunto si comprendía, el pescador respondió en su lugar. Pero cuando despertó, Shiva se dio cuenta de que un desconocido había escuchado la enseñanza. Le tomó entonces como discípulo, transmitiéndole toda la ciencia del yoga. El pescador pasó entonces doce años practicando dentro del vientre del pez. Finalmente, el pez fue capturado por otro pescador, lo cual permitió que Matsyendra volviera entre sus prójimos. También según la leyenda, se volvió entonces el primer maestro humano que enseñó el hata yoga y estaría, por la misma razón, al origen de todos los linajes.

Si esta versión del mito es la más conocida, existe otra más secreta que ilustra la metafísica tántrica. Christian Tikhomiroff, quien difunde el Natha yoga desde hace unos treinta años, cuenta una magnifica versión en el pequeño texto reproducido al final del artículo, intitulado “La leyenda de los Natha”.

En sanscrito, natha significa “maestro”, “protector”, “señor”, e incluso “esposo”, pero también se le puede traducir como “barquero” y “mutante”. La corriente de los Natha parece ser la más antigua en la tradición del hatha yoga. La leyenda cuenta que Matsyendra Natha le enseñó a Goraknatha (o Gorakshanatha: “el señor guardián del rebaño”). De hecho, parece que ha habido diferentes personajes históricos llamados Goraksha. Una parte de la corriente de los Natha se estructuró en la orden de los nath sampradaya que comporta doce ramas, aunque paralelamente, pequeños linajes Natha independientes permanecen hasta nuestros días. Es difícil encontrar informaciones precisas sobre la corriente Natha pues se trata de una transmisión secreta, además, los indios se preocupan poco de las fechas y de la cronología. Sin embargo, si se quiere conectar con Matsyendranath y Goraknath; siempre es posible hacer las posturas que llevan sus nombres.

 Arhda Matsyendrasana, la torsión esencial

Matsyendrasana es la posición de Matsyendra. Cuenta una historia que el yogui Matsyendra meditaba en la posición de loto, de espalda al océano, cuando un pez saltó fuera del agua. Al voltear, el yogui se encontró espontáneamente en la postura que llevo después su nombre. La postura completa de Matsyendra es entonces una posición en medio loto. Muy pocos yoguis la ejecutan, sobre todo en su versión ligada, pues se trata de una posición extremadamente difícil de tomar y aun mas de soportar a la larga. En general, se puede contentar ejecutando arha matsyendrasana. Esta media postura ofrece toda una gama de variantes permitiendo un buen trabajo de torsión lateral, así como la sublimación de la respiración que favorece la inmovilidad y la interiorización. El hecho de que la postura completa sea generalmente inabordable es una prueba de que no hay acceso a la totalidad de la enseñanza secreta transmitida a Matsyendranath por Adinath, el gurú primordial, es decir el mismo Shiva. Esto ilustra también que Matsyendranath es más un arquetipo que un personaje histórico, más bien un principio, símbolo de la fuente de la enseñanza que un gurú de carne y hueso.

La postura ardha matsyedrasana es sin duda la torsión más conocida y más practicada en los cursos de yoga. Efectivamente, se puede adaptar esta asana con el objetivo de que las personas menos flexibles puedan encontrar sus beneficios. A partir de versiones de base (ver fotos 1, 2 y 3), se llega a la manera más clásica alcanzando el pie delante (ver foto 4). A partir de ahí es posible pasar a la postura ardha bhada matsyendrasana (ver foto 5). Una vez en esta posición, se puede agregar mulhabanda y kechari mudra y guardar la mirada inmóvil sobre un punto detrás de sí, o un punto interno, con los ojos cerrados. De primera se puede contentar de hacer circular la respiración con un ligero ujjayin y el mantra HAM SA. Cuando la respiración es fluida, se puede alargar sobre un ritmo de un tiempo de aspiración, dos tiempos de expiración e introducir una apnea con los pulmones llenos, sobre el ritmo de un tiempo de aspiración, dos tiempos con los pulmones llenos y dos tiempos de expiración. Si la postura se lleva bien en la inmovilidad y la firmeza, esta respiración puede rápidamente volverse intensa y confortable, pero prepara a la fase siguiente. Cuando se ha suficientemente mantenido la respiración de esta manera, se puede pasar a la respiración sutil, y pasar a nivritti (la no respiración), la cual acentúa la inmovilidad y la interioridad.

Variantes de la practica matsyendrasana

Es posible agregar equilibrio a esta posición, sentándose sobre los talones, en vez de sentarse sobre el suelo, como en las versiones clásicas (ver foto 6). Si se liga la postura, esto requiere aún más presencia y precisión en el posicionamiento, pues el equilibrio se vuelve aún más precario. Hace falta encontrar la posición del pie detrás en el suelo y el equilibrio del perineo sobre el talón. En general se ejecuta ardha matsyendrasana llevando la cabeza hacia atrás, lo cual evoca de cierta manera el regreso a las fuentes de la transmisión. Pero también se puede en ciertos casos mantener la cabeza adelante; en particular para recibir una enseñanza, se voltea hacia la persona que está transmitiendo. Es también posible alternar la cabeza llevándola hacia adelante y hacia atrás, los pulmones llenos cuando se va hacia adelante. Existen otras formas de practicar ardha matsyendrasana, más específicas de las escuelas Natha. Por ejemplo, manteniendo la cabeza adelante, los ojos cerrados, aplicando la respiración sutil progresivamente, primero en el corazón, después en la garganta, después en la frente y al último llevando la mirada en shambhavi, manteniéndose en nivritti, en la luz y el sonido OM, la mirada puesta sobre el techo del mundo (5). Otra manera sería proseguir con las tres fases relacionadas con los tres granthi, los “tres nudos de la existencia” que se encuentran en la base (brahma granthi), en el corazón (visnu granthi) y en la frente (rudra granthi). Se empieza por esta postura clásica: manos en el suelo, concentrándose en muladhara chacra. En seguida se lleva la respiración y la conciencia a anahata chacra, tensando los brazos hacia atrás, horizontalmente. Se termina interiorizándose en ajna chacra, los brazos tendidos hacia el cielo. Se puede mantener durante ocho minutos cada fase, conformando un ghatika (24 minutos), antes de volver y ejecutar la misma secuencia del otro lado. Es conveniente, en seguida, permanecer una docena de minutos en padmasana, en la simple presencia, lo cual forma una buena práctica de 60 minutos.

Si los tiempos son muy largos, se pueden dividir entre dos. Si se está confortable en esta posición, no dude en quedarse inmóvil, petrificado, el mayor tiempo posible, incluso haciéndolo de un solo lado. Bloqueando el abdomen, esta posición es favorable a la sutilización de la respiración. En esta posición se engancha una especie de espiral, evocando un proceso ascensional. Si no se localiza la respiración en un chacra, se puede hacer circular en la verticalidad de la sushuma. Incluso si la columna vertebral esta torcida, el canal medio pasa por un eje al centro de la espiral.

Aquellos que ejecutan regularmente esta posición, podrán posiblemente desarrollar a la larga una cercanía, una intimidad con el arquetipo que ésta representa, es decir, los orígenes de la transmisión, el conocimiento intuitivo y la compasión de todos los maestros hacia los seres vivos (6).

Notas
1 Ver Alain Danielou, Mythes et Dieux de l’Inde, Le Polytheisme Hindou, Editions du Rocher.
2 Ver « Astrologie et Yoga » en la revista infos yoga n°93
3 Ver las biografias de Tilopa et Naropa en Tilopa, vie et chants, Yogi Ling, 2010 y La vie de Naropa. Tonnerre de grande béatitude, Seuil, coll. « Points Sagesses », 2004
4 Ver Abhayadatta, Mahasiddhas, La Vie de 84 Sages de l’Inde, Ed. Padmakara 2003
5 El techo del mundo es el monte Meru en la cosmologia tradicional, identificado como el monte Kailash del Tibet occidental, la guarida de Shiva.
6 En Cachemira y en Nepal, en donde las tradiciones hindus y budistas se mezclan, Matsyendranatha es considerado como la emanacion de Avalokiteshvara, el boddhisattva de la compasión.

 

 

 

La leyenda de los Natha

La leyenda de los Natha tiene une conexión profunda con la historia del sabio yogui Matsyendra. Todos los textos le rinden homenaje como el primer sabio, el primer yogui al origen de la escuela de los Natha-yogui. Según el mito, él fue el primer humano que recibió la enseñanza del yoga.

La leyenda cuenta que esto pasó hace mucho tiempo en un lugar aislado al pie del Monte Kailash, en las orillas del lago Manasarovar, el cual, según el mito, es el lago “mental” de la tierra. Cerca del lago, Shiva y Shakti estaban sentados. Shiva le enseñaba a Shakti los secretos del mundo y del individuo. Tenemos en este cuadro la esencia de la metafísica tántrica, que postula la identidad a nivel potencial y la complementariedad a un nivel manifestado de la consciencia y de la energía. Uno no puede existir sin el otro: el pensamiento no puede realizarse sin la energía y la energía no tiene nada que realizar sin el pensamiento.

Entonces Shiva hablaba con Shakti, enseñándole los secretos del mundo y su funcionamiento; según la leyenda, los primeros habitantes de la tierra fueron los peces.

Uno de ellos, el más bello, pues era el rey de los peces, se acercó atraído por la intensidad magnética de la voz de Shiva. Ese fue el primer llamado de la consciencia. Él escuchaba a Shiva hablar de los juegos de la energía y fue atraído fuera del agua y se metamorfoseó en humano. Esta alquimia se había engendrado bajo el impulso del deseo del conocimiento y de la energía. Transformado en hombre, se sentó y fue el primer testigo de un espectáculo extraño. Shiva pensaba todas las formas del mundo, animales, insectos, vegetales, árboles, ríos, montañas, vientos, nubes, lluvias, pensamientos, emociones, belleza… Shakti le daba forma, color y sonido a todo lo que existe. Un momento después, Shiva hizo una pausa; Shakti también. Desde luego, cuando el pensamiento se inmoviliza, la energía se inmoviliza. Shiva volteo hacia Matysendra, su mirada de luz lo envolvió y le dijo: “tu eras el rey de los peces, y eres ahora el primer humano. Voy a darte entonces otro nombre, así como los poderes correspondientes a tu nueva condición. Puesto que eres un mutante y que has atravesado el pasaje de un ser a otro, de un estado a otro, añadiré “Natha” a tu nombre, que quiere decir mutación, el pasaje del condicionamiento a la libertad, de la ignorancia al conocimiento, del automatismo a la discriminación. Por ello te doy los poderes de los Dioses, pero la limitación de los animales. En todo caso, gracias a la introspección, a los juegos de energías con tu cuerpo, con tu respiración y tus sentidos, tendrás la posibilidad de liberarte de las limitaciones de tu animalidad. Observa y aprende el proceso, una vez que lo hayas amaestrado en ti mismo y que te hayas convertido en un humano semejante a los Dioses, deberás enseñarlo a todo ser vivo que te lo pida. En ti están entonces todos los conocimientos y todos los poderes. El yoga, que te vamos a enseñar, es el método para realizarlos, pero eres libre de hacer o no. Así será para cada ser vivo de esta Tierra, contentarse de su situación o trascenderla. Será lo mismo para la especie humana, presintiendo lo que acabo de evocar en el fondo de ella misma, querrá evolucionar, poseer el conocimiento, los poderes de los dioses hasta la inmortalidad.

Te doy una indicación, la llave de la alquimia está en tu respiración, haz y luego enseña esto a los humanos, entonces sabrán.

Según una enseñanza oral de Christian Tikhomiroff.

 

Traducción del francés de Karla Segura Pantoja.

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